Más poemas a buscar el ojo.
CALLE
un perro raro
un perro molido a golpes por la noche
un perro ocupado por mil demonios y quedaba lugar
un perro en el camino de las hormigas
los pies se le alzaban del suelo con una delicadeza
que daba dolor y había que recibirlo
y en estos pasillos que brotan húmedos
unos solos se atraviesan lanzan miradas de doble sentido
y agua que pesa más que corazones secos
unos perros a caballo de otros perros amores de madera o de viento
unas sillas que se clavan en la espalda y nunca morirán
aunque la arena las lleve de aquí para allá
como si ese transito tuviera algún sentido para que el universo
se desplazara un metro o sobreviviera dos minutos otros penosos e interminables
dos minutos
unos perros acompañando unos pasos, pocos pasos, unos perros
DISECCIÓN DE LA INFANCIA VIEJA
I
Los ojos, los rajados, lo pretérito.
Los ojos dije, y fui a observar, a querer
quedarme con ellos, con el rehielo de una o dos
miradas, que al pudrirse desvanecieron las sospecha.
II
Ay, acá estoy.
Ay, acá me has traído.
¿Has considerado que yo también, vacío en este instante?
III
El pie, ha vuelto a estar despierto,
revolviendo el lento encaje de los morros.
Con la furia presuntuosa de sus uvas,
se atreve y empuja
la putería de los suburbios.
¡OH!
El planeta que es inferior a lo normal,
una vez, hace tiempo,
dio La Muerte a mi propio animal.
Un instante.
¡OH!
Inquirir que las pobres bestias
tiran sedientas de mis senos secos de hombre.
IV
Tres veces, la única destreza ha sido,
la humanidad ( que es un vestido)
Estuosidad/pliegues/la puta luz
se corta -se eleva pero no cae-
se detiene, no vuelve, no regresa al soporte.
Se acuerda: un salto.
Me voy.
Al fin, me voy.
Me esperan.
V
Siempre intento erosionar,
concluir de Dios y de otras formas,
más angustiosas e hirientes que el mar y este viento plano.
No ha habido correspondencia:
no siento más que enviar,
si no es rencor
si no es miseria.
¡OH!
Escaso, mitades de otra semejante,
lleva en las manos un frío, que se recuerda como un frío.
La visión cierra los ojos en la noche.
Transcribo ascendiendo inversamente
y digo en tantos idiomas:
palabras de cenizas y rumor.
No nos constan estos viajes y no se recuerda
de qué huimos.
Habiendo dejado el mar, si alguna vez lo hubo.
Es el corazón, el que lo ha perdido,
es el débil, que se ha vuelto oscuro.
Ay, no es algo que esta en mí
que , en fin, regresa de un insignificante círculo.
Ay, no lo conozco.
Solo venir en el desierto en medio de ciudades.
(Llevo en las manos un frío que te recuerda como un frío
y una visión de tus ojos cerrados en la noche).
VI
Entre algunas pertenencias heredadas, declaro: un piano,
un traje negro de un hombre en Polonia,
un guante impío, majestuoso y fugaz.
No poseemos nada más.
Algunos antepasados que no llevan pertenencias,
disputan el sombrío enmudecimiento.
Ya comprobarás, las infinitas posibilidades de lo atroz.
VII
¡OH!
Bello ha de ser tocar el límite vacío:
el aire, o el silencio, o la piel de esa extraña dimensión.
Una puerta y detrás un desvarío,
los delgados dedos crispan y desgarran
la suave siesta,
y sin embargo los ojos ¿ en dónde están?
Unos colores apresan la sombra
de una calamidad fugitiva.
El cielo nada, hacia algo que no es de este idioma.
Cuando el viento deja su remo de hojas
agonizando en círculos,
otras, se arrojan vehementes al camino de las manos.
VIII
Solo ver, es tocar el miedo,
los ojos postergados,
pequeñas bocas, pequeñas orbitas.
Solo el tiempo, se atreve, a pasar de a chorros.

