Sigo compartiendo poemas, lector anónimo, esperado
CUERPOS DE TORO LA VIDA
La máscara que llevo, conoce el vacío del lenguaje.
Mi alma, acaricia apenas, el aire de una ausencia.
Huelo a nada.
Soy un hueco de loco en un cadáver.
Soy un horrible cadáver, en esta casa muerta.
¡Soy el día, pero yo, vacilo en los rincones!
Primero fue la casa y en la casa las hermanas y eso era todo hasta que recibí mi cuerpo
y mi cuerpo era horrible porque la casa era horrible. Las mujeres que eran mis hermanas abusaban de mi sangre y me enseñaron a complacerlas con mis joyas.
Abrumado por los demonios de la siesta, aprendí a repetir sus sueños dentro del animal que abríamos para pasar la noche.
Y aprendí también, que el que mira en mí, ve al padre,
porque él es el otro. El Destello.
“Oh el peregrino lo hemos olvidado, para que no muera, haremos un simulacro”
¡Soy un hombre, solo un dios, un pasajero más!
Un dios que baja a mentir sobre otros dioses y alguien vuelve a golpear nuestras armaduras con cuatro lunas amarillas y falsas.
Una mujer deja flores sobre el vino amado de una sonrisa y dice: ¿estamos vivos?
Desesperadamente mis ojos buscan las mismas heridas, el tatuaje magnético y fosforescente.
¡El dolor, ese dolor reciente que ignoramos sobre nuestras cabezas!
No, esta cabeza no, ha sido territorio de encuentros entre ahogados de cuerpos luminosos y rameras con almas ebrias y baldíos genitales.
No, esta cabeza no.
Alguien me nombra, es casi un murmullo.
¿Será este vientre húmedo el que habla?
Me duelen mis patas; oigo voces; sonidos; ¿serán ecos de cosas que dije?
¿Quién me llama? ¡Estoy aquí... soy el único!
Entonces en la noche, riendo atrapadas en sus pequeños cuerpos oscuros, se abren a los ojos de la muerte.
Están aquí, olvidan, han visto crecer tanto desorden.
Como arañas que estallan bajo el sol:
se ponen mis abrazos.
Soy este niño enfermo que desata la noche, que abre tus ojos para perderte
en barcos que giran por las salas
de un relámpago.
Extraño lugar: algo eriza la casa con su aliento.
Venir a sentir y quedarse.
Yo que he sido el sereno de tus huérfanos molinos.
Yo que he triturado las hormigas de oro con los pasos que tu vientre daba
sobre el mundo.
Asomado al tallo de la luna para concederle al agua su encanto,
estoy viéndome,
ya no tengo brazos, ni piernas, ni cabeza.
No, esta cabeza no.
¡Ven señor de La Casa y de Los Huecos,
apoya en este día la espalda ocre de los milagros!
¡Que desordenan Majestad la luz!
¡Que corrompen la cabra o el misterio!
Ven a dejarme solo convertido en murmullo.
Ya no quiero ser el toro atrapado
en esta valija de piel donde aúlla el mar encerrado.
Ven a sentarte aquí, y a echarme oraciones suaves por la boca.
¡Escúchenlo! ¿Debe construir a un hombre?
Hoy que estoy por descubrir a los animales que hunden su piel en mi sombra.
No, hoy no.
Mañana seremos faraones y dormiremos en los fardos
de la última siesta, sucios de dios porque hemos caído.
Entonces amor, dame al agua.
Cuando empuje tu nombre en el vientre de mi alma, dame al agua.
Ven amor, esta es tu prisión, dame al agua, entra en la casa de la bestia.
Empuja tu nombre y entra,
llévate esta paz ¿ no sería yo capaz de matar?
Ven amor esta es tu misión, llévate la paz.
Quiero agitarme en tu conciencia, crisparme en tu piel, dame al agua.
Creo que cuando toda encía se duerma, cuando todo silencio responda.
Voy a atormentar.
Escúchate, esta noche es tan bella.
Escúchate, esta noche es tan bella y tan oscura,
tienen los pequeños dedos en sus manos;
apenas son hermanas con espinas.
Escucha: esta noche no es amiga, quiero decir: sólo se oye mi latido desesperado.
No sostengas el corazón, hasta que pueda vaciarse.
¡Que lástima tienen esas pequeñas manos!
Escucha van a predecir
No hay noche... sí una oscuridad bella.
No hay oscuridad... sí un nombre que no es bello,
han perdido mi cuerpo y estoy maldito.
Es tan bella y tan oscura que todo lo deforme quiere preguntarte:
¿soportarías tu nombre en esta noche?
Apenas son hermanas con tenazas, están aquí,
van a predecir, saca la oscuridad, cuando me bendigan
me estaré volviendo incandescente.
Ahora; te entregaré el pus.
Estas viéndome pero no soy dios.
¿ Y acaso puedo rendirme en vísperas de mi pasión, en esta casa, mi país legítimo?
¿Dónde irá este dios que queda inmóvil? Ellas lo traen como un recuerdo.
Ellas saldrán de los armarios con sus vestidos de polilla y le pondrán mi camisa de suspiros con los nudos, no los mitos. Y será El Otro el que no tiene nacimiento y sí,
un amenazante parecido con mis edades.
Escúchenlo, no habrá amor, sino entre vendas heridas en la sangre.
Esas manos, no son amor, esas manos con las que ellas van cerrando once calles con espejos.
Yo seré el centro del laberinto, lo sé. ¿ yo seré el matador?
Once patas de toro creciendo sobre el puente.
Once estrellas castigadas sin arrancarles jamás un gemido.
¿Por qué entonces ocultarse entre los maquillajes del viento?
Un hombre solo puede transportar dos manos y a veces ninguna.
¿Por qué nadie concibe encontrarse a medianoche , arrojando pájaros de tiza al agua de las fuentes,
si en el fondo, once monedas reflejan el dolor de testigos?
Amor, esa mujer bajo la arena desarma sus pabellones azules,
es tan hermosa que quisiera desgarrarla.
No quiero una mujer aquí, a veces llueve donde no debiera, y se despierta mordiendo el
veneno de mis sienes,
pero estoy feliz.
¿Serán estos instantes de fiestas que ruedan y se abren, heridas donde siempre perdura la mañana?
Nadie va a creer que hemos vivido en el desahogo, como hondas criaturas que mueren en los fondos.
¿Serán los fondos testigos de la sangre?
Amor: esa mujer teje un funeral con su cabello;
el primer país es un cadáver; el segundo: un lecho de aturdidas mariposas.
Tener una emoción es un despiadado encuentro con Dios.
Una palabra levantada sobre el cielo intestinal de otro pasado,
un hueco, un pulso de ballena en la garganta.
Esa mujer ya no es posible,
solo son hermanas (y el transito insoportable en la memoria)
Al Otro, le daremos un trayecto más firme.
Ahora las manos en un lento funeral en equilibrio.
¿Qué habrá de liberar con esa herida?
Quién habla está ciego.
¿Serán las hermanas las que encuentre a la hora de partir la luna
con los dientes?
Ya no hay la sangre.
Sentado en mi animal estoy abriendo,
la casa donde el mundo reverbera
y sobre todo ahora, quizás, no me detenga.
Cubierto de signos y voces desconocidas, el arrabal brillante de mis huesos muge.
Primero fue la casa y en la casa las hermanas y eso era todo...


pilar dijo
He leídp con placer lo que escribes y me ha gustado mucho!!!!
18 Febrero 2006 | 10:44 PM