A veces, los ojos cerrados, vuelven a ver
Un vacío en partes, en piezas de puzzle, me ha tomado como portador y tengo que evitar que se junten. La cultura, la educación, el negocio del entretenimiento...corro al borde de un río majestuoso con los ojos abiertos y no puedo ver, nada puedo ver y no es suficiente.
La película hace que un grupo de rusos disidentes hagan estallar una bomba atómica en EEUU, en el comercial el adelanto del proximo programa de pura adrenalina, cómo sobreviven a una erupción del volcán los aldeanos de una pequeña isla griega, Chechenia, Iran, Tahilandia, el tsunami parece un rencor.
Para conmoverme los genios del marqueting y el entretenimiento me han auscultado y luego de estudiar mis hábitos con sus chips de identificación por radiofrecuencia han descubierto que necesito consumir catástrofes en grandes dósis de espectáculo.
Si no son suficiente los proveedores de películas de esta clase trabajarán a destajo para conseguirlo, mientras tanto mi tv me mostrará sin pudor como desaparece un pueblo entero, en Bolivia, arrasado por el agua de las inundaciones, como EEUU extermina una poblacíón y destruye sus museos y bibliotecas o la manera en que un grupo de soldados, infranazis, practica los golpes aprendidos en la academia sobre indefensos niños.
Nada que ver , es decir, no quiero ver porque no es, definitivamente, estar informado, ver en directo y frente mi plato como el cáncer devora a mi vecino, no es estar informado.
No lo es el dolor, porque no se comparte, no se le permite el silencio que vuelve tolerable el destino.
Ese espectáculo atroz no es espectáculo, es real, sucede, hay gente de verdad en los buses que estallan o bajo los escombros cuando un suicida arranca cientos de vidas, por una idea que en la mayoría de las veces no surgió en su mente.
No voy a ver. Celan, Rimbaud, queridos amigos, vamos a dejarnos las vendas, ésta vez, a cerrar los ojos, a sentir adentro, donde se puede ver con más claridad.


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15 Octubre 2009 | 12:02 PM